sábado, 20 de octubre de 2012

Vida resuelta, pero inane

Por fin. Por fin lo había conseguido. Después de semanas y semanas intentándolo. Como lo intentan decenas de hombres entorpecidos y dubitativos debido a la presencia de una hembra hermosa que les lleva a una eclosión hormonal espontánea, que amenaza su vida resuelta, pero inane.
Por fin Jorge había logrado un fin de semana largo con Paula, con una excusa bien elaborada.
Llegaron a la habitación del hotel y Paula le pidió a Jorge que fuese a recepción a pedir la contraseña para acceder a la conexión inalámbrica a internet. Paula la necesitaba para aderezar ante su marido la excusa diabólica que le estaba permitiendo hacer el gilipollas con Jorge. Jorge. Un tipo feo, gordo, absurdo, mentiroso hasta caerse de culo, extremadamente pesado, campeón de pedos de sobremesa, fatal cantante de karaoke, y pésimo amante, como había podido comprobar dentro de un Ford Focus un día entre semana.
Jorge, una vez anotada la combinación alfanumérica solicitada se subió al ascensor junto con dos personas más. La apariencia decía que eran otros dos tortolitos, no se sabe si legales, que habían llegado también a aquel conjunto de jaulas de lujo adosadas y enmoquetadas con cuestionable gusto, con el mismo objetivo.
Dos hombres y una mujer con objetivos similares, en un lugar pequeño y apretado, nada ventilado. Dos hombre y una mujer que no se dirán nada más que hola, adiós, al tercero o al séptimo. No se conocen de nada ni se conocerán. Nunca han coincidido y lo más probable es que nunca más vuelvan a coincidir. Ni allí ni en nada. Ni en un ascensor ni en la vida.
A efectos prácticos, para aquella pareja, podría haberse substituido a Jorge por un espantapájaros. La pareja no lo habría notado. Jorge podría ser un conjunto de dos escobas  y una punta, vestidas con un sombrero hortera y una camisa vieja y la pareja no se asustaría, ni se vería intimidada, ni tendría vergüenza, ni ganas de llegar rápido al séptimo.
Jorge salió del ascensor pero del ascensor no salió nadie. Jorge era un espantapájaros dentro y fuera. Del ascensor, del hotel, de la ciudad y del mundo. Un espantapájaros que todos ven, con una función que realiza correctamente, que puede ser modernizada, actualizada y puesta al día colgándole dos cedés y una camisa hawaiana, poniéndole cara nueva con un cojín viejo y pinturas, moviéndolo de sitio. Un espantapájaros que con el tiempo perdería el color, la utilidad y el sombrero.
Jorge se detuvo justo antes de golpear la puerta para que le abriese Paula. Cogió su móvil y escribió un texto para Gloria, su mujer, que decía: “Cariño, la reunión es un rollo, dame ánimos que buena falta me hacen. Te quiero”
Jorge el espantapájaros espantaba todos los pájaros de la Vía Láctea. Todos menos los suyos propios.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Lume


Soamente estando a cáseque mil quilómetros de distancia se puido decatar de que o que se encende cun misto é lume. Mil quilómetros …ou catro. Puido decatarse de que cadaquen ten un camiño de seu que percorre coma mellor pode. Cadanseu camiño.
-Direillo máis ou menos directamente, pero sen dicilo moi alto-
Ariadna pechou os ollos e guindou ao chan os cafés coas gotas. 
As noites con gotas, coma ao principio.

sábado, 6 de octubre de 2012

Me hiciste caso


Entre el paso y el traspaso
de los días en que no veo que estés porque te vas
reconozco que todas las historias que empezaron con peligro
aunque no tengas abrigo
nadie olvida que el mejor momento es cuando sí y no
sí y no... me hiciste caso.

Los momentos trabados de imágenes paradas
con cuentas ya pagadas
que no recogen más que el silencio sonoro y ruidoso
de todas las historias que aun no ciertas
los dos damos por pasadas.

martes, 2 de octubre de 2012

No me gustáis


Los que lleváis gafas de sol sin venir a cuento no me gustáis. No me gustáis porque los ojos son para ver y para ser vistos. No me gustáis. Nada. Los ojos y la cara no son para llevar ocultos ni aún con la excusa de estar en un velatorio, como si las gafas de sol implicasen respeto de cara al difunto, de cuerpo presente, o a su familia, recién mutilada. No me gustáis los que ocultáis bajo las gafas de sol lo que pensáis, lo que decís, lo que miráis, lo que obráis y lo que sois. No me gustáis porque vais de limpios, modernos y respetuosos, pero muy resentidos con la fotofobia que sufrís cuando los más fotófobos sois vosotros.

No me gustáis porque con gafas de sol puestas o sin ellas, no sois de fiar. En lo humano pero también en lo divino. Lo digo sin tener que sacar un tomo enciclopédico. Os jactáis de que así podéis manejar por rectas con curvas sin ser deslumbrados por un sol de invierno que no existe. Os encerráis en vuestra timidez de revista para ser vistos como águilas rapaces cuando realmente sois aves de gran tamaño con filia a la carroña.

Los que lleváis gafas de sol sin venir a cuento sois como todos aquellos que con ánimo cabrón hacen todas las cosas sin venir a cuento, como el que te llama para decirte nada, o al menos eso crees, porque a veces la noticia es eso, que te llame, aunque sea para nada. Los que lleváis gafas de sol sin venir a cuento no sois felices porque no veis el sol ni queréis verlo. Todo lo avistáis oscuro, seco, azul o gris. No advertís las nubes con sus playas en invierno, ejemplo de belleza con letra mayúscula.

Los que lleváis gafas de sol sin venir a cuento, no veis llorar, porque ya lloráis vosotros por todos.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Esperanza iba a liderar la oposición


Lo único bueno que guarda Rafael de aquello es que algunos meses después pudo comprobar quienes eran de verdad sus amigos y quienes se acercaban por interés. Pudo comprobar que, igual que en esas fiestas que son un coñazo, al final terminas la noche pasándotelo pipa con solo tres o cuatro más, terminas con los mejores, con los de verdad, con tus Amigos.

Tras la noche electoral, Rafael era un hombre muy feliz, recibió felicitaciones de muchísimas personas y autoridades de dentro, fuera y de más afuera aún. Hasta Felipe le llamó para decirle que iba a ser el líder que iba a regir la reconquista del poder, y se ponía a su disposición para lo que Rafael necesitase. Rafael no cabía en sí de gozo. Titulado en Ciencias Políticas, madrileño,… Presidente de la Comunidad. ¡Nada menos! Esperanza iba a liderar la oposición, aún habiendo sido la más votada.

En las semanas antes de la constitución de la Asamblea y de la investidura, compartió con sus colaboradores jornadas y jornadas ordenando ideas y pensando lógicamente en la futura estructura: consejeros, secretario generales, directores generales, y todo ese largo etcétera que él bien conocía y que a partir de ahora iba a depender de él.

Todos se acercaban con alegría, haciéndole ver a Rafael que él era el mejora que ﷽﷽﷽﷽olaboradores, y eeza, que comparti el Presidente madrileño. ¡Nada menos!che con solo tres o cuatro mrechoso en Madrid. y que por fin el destino había hecho justicia. Era su momento, por fin.

Pero el día en que se constituía la Asamblea y se elegía al presidente de la misma, aquello se torció. Alguien le puso la zancadilla a la democracia y como primer sorbo de hiel, no se pudo elegir al presidente de la Asamblea previsto y fue elegida Concepción, que tuvo que improvisar un discurso de investidura con dos folios y un boli Pilot. Rafael se temió lo peor. Si dos Judas habían vendido la democracia para la elección de un presidente de la cámara, no podía aceptar sus votos en la investidura como presidente del gobierno regional.

Todo se jodió. Los capullos se vendieron y Rafael no pudo ser elegido como era lo natural. Se montó un escándalo enorme. A los cuatro meses, en extraña situación, las elecciones se repitieron y ahí sí, Esperanza ganó y ganó con mayoría.

Rafael, se quedó compuesto y sin novia. Iba a ser, iba a hacer, iba a estar… pero ni fue, ni hizo ni estuvo. El destino, o más bien la ruindad, hizo que todo aquello, al final, nada. Como dijo José Hierro en su poema: qué más da que la nada sea nada, pues más nada será después de todo, después de tanto todo para nada. Rafael iba a ser todo y no fue nada.

Una de las experiencias más amargas, más frustrantes, más duras, más dolorosas, más punzantes, no es el fracasar al hacer algo o amedrentarse, no hacerlo y arrepentirse siempre. Es el sentir que todo está prácticamente conseguido pero finalmente por arte de magia (negra, creo) ver que se diluye como terroncito de azúcar en olla de caldo, se evapora como gas volador, se escapa como un globo de feria. Y al final… nada. Como el penalti de Djukic.

Rafael hoy ha cenado con Inma, Pedro, Pablo, Leire y Quino. De los pocos, muy pocos, que cuando todos ya se habían ido, seguían allí con Rafael, indignándose con él, llorando con él, Siendo y Estando con él.

Rafael siente, al ver y oír hoy todo lo de Esperanza, que al final Todo fue Nada. Pero enseguida recapacita y siente que ellos, su mujer y sus amigos, sí lo son todo. Todo.